Eso no es la Virgen María

Cuando estuve viviendo en la sierra de Guerrero, tuve una de las experiencias más extrañas, pero interesantes, que he tenido en toda mi vida. Hubo un tiempo que viví en un pueblo llamado Tlalquetzalapa, Guerrero; dormía en un cuartito a un lado de la iglesia principal del pueblo, pero bueno, luego comentaré más acerca de eso. Lo que les contaré el día de hoy es que durante la semana santa de hace unos 7 u 8 años me invitaron a vivir una experiencia que me marcó. Fue así como entendí un principio simple de la Historia y la Sociología: las imágenes adquieren una connotación según la política.

Mucho bla bla bla. Todo comienza después de que desayunara, hubo una situación donde nos invitaron, a un grupo de amigos y a mí, a ir a una misa. Una amiga y yo aceptamos la invitación, por lo general no nos gustaba ir solos, así que, por lo menos, uno acompañaba a alguien siempre. Durante el camino, la señora que nos llevaba, le calculo unos 50 años, nos advierte que es una tradición del pueblo, puesto que su bisabuela le dijo que cuando era niña su bisabuela le decía que su bisabuela le deciá que, desde niña, la llevan a hacer ese rito. El multiverso de las bisabuelas. En fin, si hacemos cuentas y sumamos tantas niñas y bisabuelas nos da como 150 años, pero supongo que viene de más atrás esa tradición. Cuando llegamos al lugar, me dio la impresión de estar en la montañita más extraña de mi vida, la base estaba alta, como unos 4 metros, pero arriba era como piramidal, y en la cima tenía una especie de cueva circular con una abertura por donde pasaba la gente y se sentaba en el piso junto con sus familiares. La gente tiro a carcajadas porque mi amiga Clau no podía subir con normalidad, no la culpo, en verdad era difícil subir por esa colina tan empinada. Una vez llegado el momento, nos sentamos en la mitad del semicírculo, cantaban a coro el ave maría mientras comían todos los guisos que habían traído sin compartir entre ellos (cosa importante). Clau y yo nos sentamos, no nos avisaron sobre la comida, entonces sólo cantábamos, veíamos a la gente con sus patitas de pollo y observamos nuestros alrededores. Sin más, pasó el tiempo, calculo unos 20 minutos, cuando dejaron de cantar subitamente, yo todavía seguí cantando unos instantes, pero todos se nos quedaron mirando con un gesto desaprobatorio, no esperaba que a medio canto se detuvieran. Se pararon todos, acercaron los guisos, tortillas, refrescos a una figurilla de casi 50 cm de alto por unos 30 de ancho. Se nos acercaron y nos indicaron: arrodillense ante la figura sin tocar un solo plato, sólo digan "gracias por permitirnos estar vivos, Virgen María". Me desconcertó eso, pero lo hice, no tenía problemas, pero era extraño. Fuimos los primeros en hacerlo. Es ahí donde la historia se empieza a enrarecer ya que la figurilla no era la virgen, sino una figura espectral, dos ojos abiertos de par en par con la boca abierta mostrando una lengua de serpiente con las manos llenas de anillos, en los brazos varias decoraciones. Pensé: ¿qué diablos?, eso no es la virgen maría. Después de la reverencia, salimos del semicírculo hacia el exterior piramidal, asustados por la imagen. Saliendo empezaron los gritos de auxilio, corrí para entrar y ver lo que estaba sucediendo, pero sólo vi que la figurilla ya no estaba, en seguida de nuestra participación la quitaron y la pusieron por detrás, del otro lado había una escaleras y se la llevaron al fondo de ese lugar. Prendieron velas iluminando parcialmente el lugar, antes sólo se veía gracias a la luz externa que entraba al lugar, pero lo peor fue que le dieron un puñetazo a una señora en la nariz para exparsir la sangre entre los platillos (me imagino que era el tema del grito). Pero lo interesante era alrededor, un sinfín de imagenes talladas prehispánicas de gente con lenguas largas comiendo gente o matándola, cosa que no había podido apreciar sin las luces de las velas. Nos quedamos un rato afuera, pero después nos indicaron que ya había terminado la misa y que, si queríamos, ya nos podíamos ir, sólo iban a terminar entre todos de comer (compartiendo la comida). Le pregunté acerca del ritual el por qué de las cosas, y me contestó con una sencilla y humilde respuesta: pues no sé, sólo lo hacemos y ya. Decidimos irnos, pero nos retuvieron por un momento, teníamos que comer algo antes. Yo me negué aludiendo que no tenía hambre, pero algo de refresco sí; mientras que Clau no se pudo negar, si bien me sirvieron refresco de una botella con sangre, el contenido estaba limpio. Clau se echó una rica tinga de pollo con sangre. Una vez eso, nos dejaron libre. Extraña interacción, pues ya nos habían dejado ir sin probar su alimento rico en hierro.

No sé qué pasó, ¿hicimos un ritual prehispánico? ¿por qué dicen que era la virgen maría? No importa la respuesta, Fontana o Levi Strauss establecen que los ritos y todo lo que pasa alrededor depende más de un tema conceptual que, de hecho, por algo material. No importaba si era una figura de pokemon a lo que llamaban Virgen María o si el ritual estaba defectuoso a un nivel prehispánico o cristiano, lo que importaba era el sentimiento de deber con la comunidad, satisfacción propia o sentimientos de tradición. El poder de la mente nos juega chueco, pero a nuestro favor.

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